jueves, 6 de junio de 2013

Apetitos

   De pequeño aprendí que una persona desinteresada es una persona buena (no recuerdo quién me lo enseño).  En fin, todos fuimos inocentes alguna vez. Pero desde entonces hay una palabra que me sigue cautivando.

   Se define hambre como ganas y necesidad de comer; aunque también se hace referencia al deseo grande de algo. El hambre es la respuesta del cuerpo a la escasez, es un espasmo – y como tal, involuntario – producido por nuestra naturaleza humana en su afán de subsistencia. Todos lo sabemos. El apetito, por su parte, es el impulso de querer satisfacer esta necesidad. Ya sea de comida o de algo, y a esta última me gusta llamarla por su nombre: felicidad.

   Ella es el deseo infinito, es la necesidad para nunca ser satisfecha. En resumen, es la razón de nuestras vidas. Y muchos la asocian con el amor. José Ortega y Gasset lo sugirió diciendo “El deseo muere automáticamente cuando se logra, fenece al satisfacerse. El amor en cambio, es un eterno insatisfecho”.

   Qué curiosa analogía. Convirtamos entonces (como un simple ejercicio) al amor en un deseo ilimitado, en un apetito que proviene del hambre más profunda, la más importante necesidad. Haremos así de la saciedad de los egoísmos nuestro único y fatal motivo, y diremos con Friedrich Schiller que hambre y amor hacen girar coherentemente el mundo.

   Según este razonamiento, el ser humano no busca otra cosa que no sea su “propio interés”. Y todo tiene sentido. Al final, no sé por qué, me cuesta no dudar.

   Cuando hablamos de palabras como entrega, sacrificio, perdón, solidaridad. ¿Qué las trae a la vida? Sin duda la búsqueda por extraer de ellas un poco de comida. Y así nos comemos entre todos. Somos caníbales en el plano de las almas. Ya lo decía C.S. Lewis: “En la Tierra, a este deseo se le llama con frecuencia <<amor>>. En el Infierno, me imagino, lo conocen como hambre”.

   Y es que no habría diferencia.

   Es entonces, cuando todavía un buen grupo de personas dicen que el otro es importante, que no hay que ser egoístas, que dar es mejor que recibir, que la felicidad está en el servicio. Sin duda, muchos de ellos, son unos pobres ingenuos. Pero por otra parte, algunos otros (los prudentes) son los maestros de la manipulación.


   Aunque están en lo cierto, no les creas del todo. Ellos usan la palabra desinterés.

miércoles, 17 de abril de 2013

Valores, Derechos y Leyes

Cuando la ley y la moral se contradicen,
el ciudadano se encuentra ante la cruel alternativa
de perder la noción de moral o perder el respeto a la ley

FRÉDÉRIC BASTIAT


Considerando que los seres humanos poseen el don de la libertad y que cada persona tiene el derecho a hacer uso de la misma según sus capacidades, la sociedad como conjunto de personas libres se encuentra con el reto de convivir. Es así como surge y se halla en constante evolución un conjunto de preceptos morales que son necesarios para favorecer el pleno desenvolvimiento de la persona sin afectar el de los demás y mantener así la armonía.

Los valores se refieren a las normas que rigen nuestro actuar, no en el concepto imperativo de la palabra, sino en el plano de los incentivos que acciona nuestra voluntad. Dicha voluntad es la capacidad para elegir un sacrificio que conlleva a una satisfacción futura, en lugar de elegir un placer con un menor valor a largo plazo.

En la medida que la persona se hace consciente del gozo permanente que se encuentra en el actuar siguiendo tales valores, hace un balance entre la opción de tomarlos como propios y practicarlos en función de alcanzar la felicidad que se obtiene; o de negarlos, por falta de esperanza o de capacidad, con el motivo de ganar un placer que se contrapone a dichos valores. En otras palabras, le da más valor a otra cosa, siendo evidencia de la subjetividad del mismo según la persona y la circunstancia en la cual se encuentra.

Es así como la sociedad se organiza y forma instituciones según un marco de valores comunes con el objetivo de hacer respetar los derechos de los individuos: su vida, su libertad y su propiedad. Se encuentra con el reto de hacer justicia cuando se violan estos derechos y de establecer las condiciones, para todos por igual, donde se reduzca al mínimo la rentabilidad de la violación de esos derechos. Citando a Frédéric Bastiat,

Si cada hombre tiene el derecho de defender, aun por la fuerza, su persona, su libertad y su propiedad, varios hombres tienen el Derecho de concertarse, de entenderse, de organizar una fuerza común para encargarse regularmente de aquella defensa.


Así nace la ley, como la norma justa (para todos por igual) que complementa a la libertad individual con la responsabilidad que acarrea el ejercicio de la misma. Dichas normas no deben contraponerse a la libertad ni a los valores morales que motivan la acción humana, ya que de lo contrario se convierten en una perversión y en motivo de conflicto social. ‎Citando a Mahatma Gandhi,

Cuando una ley es injusta, lo correcto es desobedecer.

Finalmente, los valores morales son la base sobre la cual se apoyan nuestras acciones, encontrándose sujetos a la valoración subjetiva de cada persona. Pero deben estar enmarcados en un conjunto de derechos que legitiman el uso de la ley, para guiar al hombre a que dichas acciones realizadas en la búsqueda de su felicidad no impliquen atentar contra el derecho del otro.

sábado, 1 de diciembre de 2012

La otra cara del libertinaje


El fin de la ley no es abolir o restringir la libertad,
sino preservarla y extenderla

John Locke


El libertinaje, como es conocido, conlleva el uso desenfrenado y voraz de nuestras habilidades, ignorando o pisoteando los derechos de los demás. Se condena al otro como un ser inferior y se abusa de él para conseguir una satisfacción egoísta. Pero ello también ocurre cuando se busca "instruir" a los demás con una moral superior por medio de la fuerza, es decir, por medio de la ley. Sinceramente me parece que es otra cara de la misma moneda que debe ser igualmente condenada por la sociedad.

Es necesario partir de una premisa: la vida es tu más valiosa propiedad, y no hay otra persona con el derecho de decidir lo que tú quieras hacer o no con ella. Cuando tienes la facultad de ejercer esta autoridad sobre tu cuerpo y mente bajo ninguna coacción arbitraria, solo entonces eres realmente libre. Aunque esta libertad no es gratuita como algunos piensan, sino que requiere de valor para asumir las consecuencias de nuestras decisiones. Únicamente como seres libres tomamos decisiones morales, sean buenas o malas, pues de lo contrario estamos condenados por otra persona o grupo de personas a actuar bajo las directrices de su discernimiento.

Ese acto, sí, sería un exceso de la libertad.

Guillermo Rodríguez nos señala en su gran ensayo sobre la envidia cómo esta otra cara del libertinaje, oculta bajo un disfraz de moralidad, hace estragos actualmente:

...la identificación de la libertad con alguna doctrina teológica ha sido frecuente y aún tiene defensores que no terminan de aceptar que la espiritualidad trascendente muy rara vez ha servido de protección a la libertad, y que tales especulaciones político-teológicas muy frecuentemente sirvieron, y sirven, de justificación a la brutal coacción arbitraria de los creyentes sobre los infieles, con todo el poder del Estado, tanto bajo regímenes dictatoriales como democráticos. Muy espirituales y trascendentes, además de democráticas y mayoritarias, son sin duda las ideas que sostienen al régimen de la República Islámica en Irán, tanto como inhumano y brutal es lo que hace con quienes no la comparten.1

Y es que esas personas que tanto atacan a la libertad porque supuestamente puede ser usada como justificación para cometer acciones inmorales, son ellas mismas las que exceden la libertad que les fue dada por Dios para ejercer sus facultades individuales. Son ellas quienes piensan que es recomendable excluir del otro la responsabilidad de tener libertad de elegir, y asumen un papel por demás ilegítimo por su carácter claramente arbitrario.

Este drama es contrario a la civilización misma, donde es necesario aprender a convivir en las diferencias. Ello no implica aceptar y comulgar con las ideas contrarias a nuestro pensamiento, sino que, manteniendo nuestra convicción y la responsabilidad que conlleva toda decisión libre, tengamos la capacidad de reconocer al otro con su dignidad.

No se nos fue dado el poder para moldearnos los unos a los otros por medio de la fuerza, y debemos garantizar que eso no suceda en el futuro.


1 RODRÍGUEZ, G. Libres de envidia: La legitimación de la envidia como axioma moral del socialismo. Ganador del primer lugar en  el Séptimo Concurso de Ensayo "Caminos de la Libertad"

martes, 30 de octubre de 2012

Fumador vs No Fumador


                                                                                                                  Por Bárbara Rincón

NO FUMADOR:

Durante muchos años las personas no fumadoras se han visto perjudicadas por la contaminación del cigarrillo, sufriendo de problemas de salud y molestias en sitios públicos. Sin embargo, con la ley de prohibición de fumar en espacios públicos estas personas se han visto beneficiadas.

En primer lugar, no están expuestas a la contaminación y pueden prevenir las enfermedades que se generarían por ser un fumador pasivo. Los ambientes se prestan para compartir tiempo en familia y las madres no deben preocuparse porque sus hijos inhalen humo de cigarrillo en espacios públicos. Y en segundo lugar, se cree que esta ley puede disminuir la cantidad de fumadores al dificultarles realizar esta actividad con la frecuencia de antes.

En definitiva, esta normativa legal establece protecciones sobre aspectos hasta hoy no controlados en cuanto a drogas legales, basados en elementos de resguardo y prevención. Actualmente, los intereses colectivos se sobreponen a los hábitos, culturas y libertades para establecer límites y legislaciones a favor de aquellos que no consumen cigarrillos.  

FUMADOR:

Las personas están conscientes del daño que puede causar el cigarrillo para quien lo usa y lo inhala. Sin embargo, la prohibición de fumar en espacios públicos coarta la libertad y derechos de los ciudadanos fumadores.

En primer lugar, para el momento en que se proclamó la ley se tomaron en cuenta las peticiones de las personas no fumadoras, pero excluyeron las necesidades de la minoría que sufrió los cambios. Es decir, se pudo haber tomado la decisión de crear espacios debidamente acondicionados para fumadores en sitios privados como Centros Comerciales o Discotecas. En segundo lugar, se debieron realizar campañas masivas de concienciación para que los consumidores de esta sustancia legal disminuyeran su uso por iniciativa propia y no lo hicieran a causa de una imposición del Estado. Por último, se irrespeta el sentido de la propiedad privada ya que el propietario del local es la única persona con derecho de decidir si permitirá el uso del cigarrillo o no; el Estado no debería interferir ni coaccionar para que se cumpla esta ley en sitios privados.

En conclusión, esta ley menosprecia los derechos que poseen los ciudadanos fumadores y atenta contra la propiedad privada y la libertad individual.


miércoles, 17 de octubre de 2012

Melancolía y Fuerza Creativa


La especie humana no puede soportar mucha realidad

T. S. ELIOT


En su artículo La depresión y el proceso creativo, el Dr. Rodrigo Morales García expone sobre la forma en que la tristeza, la depresión y hasta la propia locura se relacionan con el talento creador. Esa sensibilidad para percibir nuevas ideas durante las etapas melancólicas, esa chispa de genialidad en medio de la noche.

Una esperanza.

Es un lugar común hablar de depresión en este momento en Venezuela, cuando gran parte de los venezolanos no aceptamos todavía la suerte de nuestro país; el cruel resultado de una democracia que no es tal, cuando el robo y la esclavitud se buscan legitimar por el voto de la mayoría. Así lo veo. Después de los enormes niveles de adrenalina que experimentamos antes del 7 de octubre, nos resignamos a aceptar nuestro destino por ser una minoría.

No tiene por qué ser así.

No estoy hablando de cantar fraudes imaginarios ni mucho menos de organizar absurdos golpes de estado, sino de tomar una decisión clave. Entre las dos alternativas presentes en la cabeza de muchos jóvenes como yo... ¿Qué hacemos? ¿Nos quedamos o nos vamos?

"La melancolía hace ir más despacio, enfría el ardor y pone en perspectiva los pensamientos, la observaciones y los sentimientos generados en otros momentos de mayor entusiasmo". Morales García nos asoma a ese universo amargo lleno de materia, esperando ser desnudado por nuestras ganas de hacer algo, por nuestra inquietud. Tenemos el poder de decidir lo que queremos hacer, más allá de esa situación sobre la cual, según parece, no tenemos control alguno.

La opción más tentadora es irse. No vale la pena martirizarse por una causa perdida, cuando lo importante es vivir la vida en paz y ser feliz. Dejar la familia y los amigos atrás, ser un extranjero en un mundo difícil. Parece que vale la pena intentarlo. Es ridículo el pretexto de "traición a la patria", es el lema propio de los nacionalistas recalcitrantes que piensan que el llamado bienestar común es más importante que el bienestar individual, cuando el primero no es más que la suma de estos últimos. Irse del país, a un lugar donde podamos desarrollar nuestro potencial libremente, con esperanza de un futuro mejor.

Pero hay otra opción, quizás más difícil.
Ser los protagonistas de este momento histórico.

No implica sacrificarse por el bien de la nación.  Consiste en aprender a amar este laberinto, en sacar de nuevo las cuentas y comprender que luchamos por nuestra tierra, nuestra cultura, nuestra comida, nuestras fiestas, nuestro trabajo. Nuestro orgullo. Eso, ningún país del mundo nos lo podrá ofrecer.

Esa es mi realidad, que hoy la veo destellar entre las sombras y no puedo ignorarla. Hay algo que me mueve a pesar del temor, y aunque todavía no decido sobre cómo quiero transformarla, sí estoy seguro en mi deseo de seguir caminando hasta la bifurcación.