domingo, 2 de febrero de 2014

La salida verdadera



Actualmente la oposición oficial venezolana reflejada en la MUD se debate entre dos grandes corrientes, en cuanto se refiere a las acciones a tomar considerando la situación actual que vive el país.

La primera corriente se ve expresada en Henrique Capriles, argumentando que no es recomendable buscar una salida apresurada del régimen socialista. En cambio, debe apelarse al diálogo y al trabajo conjunto para solucionar los problemas del país.

La segunda corriente en cambio, personificada en Leopoldo López y María Corina Machado, plantea la profundidad de la crisis que vive el país como argumento para buscar una salida lo antes posible, exponiendo además que este régimen no cederá en su afán de instaurar el socialismo, el cual terminará de hundir a Venezuela en la miseria.

Observando estas dos fotografías, resaltan además las críticas hacia la postura de Henrique Capriles, que no deja de ser incoherente luego de haber reclamado un fraude en las elecciones del 14-A. Pretende que los venezolanos "pasen la página" de lo ocurrido, legitimando así a quien hace solo meses se recriminaba como ilegítimo y usurpador del poder. El adjetivo que más parece incomodar a Capriles y a los seguidores de esta posición es colaboracionistas del régimen.

Por otra parte, Leopoldo y María Corina parecen enorgullecerse del adjetivo que les fue conferidos: los radicales. Pero si bien buscan generar un debate en las "asambleas de calle" que fueron convocadas para recoger propuestas para #LaSalida tan anhelada, existe cierto escepticismo por parte de algunos sectores sobre el alcance real que puedan llegar a tener como un grupo prácticamente aislado del resto de la MUD.

Pero existe una tercera posición.

Dejando de lado a ese sector de la población que simplemente no se interesa por estos temas y solo se concentra en adaptarse a las circunstancias actuales, existe un grupo selecto de venezolanos que se opone al statu quo. Este grupo es bastante heterogéneo, pero los une una serie de ideas innovadoras en cuanto a su análisis de la situación actual venezolana y el planteamiento de soluciones diferentes.

Quizás la idea que llega a unir a todos los que hacen vida en este grupo es la siguiente: la MUD no es la salida verdadera a la situación que vive Venezuela. Sean colaboracionistas o supuestos radicales, las ideas que profesan prácticamente todos los sectores que hacen vida en la MUD representan unas propuestas de país caducas, decadentes. En fin, son más de lo mismo con otros actores.

Y la odisea que se plantean estos venezolanos no es poco ambiciosa. Se trata, en resumidas cuentas, de la fundación de una élite política e intelectual de jóvenes, quienes se encuentran en pleno proceso de formación para asumir a largo plazo las riendas de la nación, con nuevas ideas y nuevos líderes que se avocarán a construir la salida verdadera. Ya sea criticando abiertamente a chavistas y "supuestos" opositores de la MUD, o bien apoyando a esta última con críticas constructivas pero con la visión de un futuro en el cual también se dejen atrás sus ideas caducas; estos jóvenes sueñan con un mañana que les pertenece, y así lo van a reclamar.

El camino es largo y el futuro es incierto. Pero, en mi opinión, Venezuela necesita de estos jóvenes.


@nhcarreras

lunes, 6 de enero de 2014

La soberanía reside en el individuo


Juro por mi vida y mi amor por ella, que jamás
viviré para nadie, ni exigiré que nadie viva para mí
AYN RAND


Si una corriente de opinión domina el panorama actual en el mundo, tiene que mencionarse la inclinación a vivir para los demás, a dar sin esperar nada a cambio. En fin, defender una moral que exige el sacrificio personal, como único medio para favorecer a los más necesitados para alcanzar un ideal de igualdad.

Sus exponentes elogian la cultura del desprendimiento para dar a los pobres, atacando al individuo que reclama que su vida le pertenece, que es suyo el fruto de su esfuerzo y que no tiene razón para sentirse avergonzado por disfrutar de sus logros. En pocas palabras, atacan a la cultura individualista.

No es coincidencia que muchas personas asocien al individualismo como una forma de ser egoísta, llena de vicios y ligerezas, que busca su satisfacción sin importar los daños que causa a otros, evadiendo toda responsabilidad de sus actos. Somos bombardeados por estas ideas constantemente, las cuales son difundidas por políticos y religiosos que parecen no tener nada en común a primera vista. Pero si usted ha escuchado estas ideas por socialistas y cristianos en paralelo, no es coincidencia: ambos profesan el altruismo como estilo de vida.

La cultura individualista que me propongo defender engloba las ideas del derecho a la vida, de la propiedad de uno mismo como razón del reclamo de nuestro ser, justificando el motivo de la acción humana que (parafraseando a Goethe) no es más que la búsqueda de una mejor existencia. Es legitimar el propio interés como un motivo moralmente bueno, siempre y cuando no atente contra los derechos de los demás. Sin ir muy lejos, exponer que la persona es libre para vivir su vida y esforzarse para alcanzar sus fines, tomar decisiones y ser el responsable de sus actos. Un ser humano útil que se ama y se vale por sí mismo.

Estas convicciones chocan contra la concepción de la vida defendida por los altruistas. Ellos justifican someter al fuerte al servicio del débil, al útil al servicio del inútil, para dominar como esclavo de su moral a todo aquel con más ganas de superarse y de vivir plenamente.

Convierten ese potencial en una maldición, disfrazándola de responsabilidad hacia los menos capaces, quienes justifican el acto de succionar la vitalidad de los fuertes como un derecho adquirido, dada su condición inferior llena de envidia. Un plan perfecto: que sean ellos mismos (sus conciencias) quienes se demanden por no haber servido al provecho de los inútiles, adquiriendo este deber como única legitimación válida de sus logros.

"Un hombre que se vuelve altruista es un hombre que está acabado" expone Nietzsche, quien asocia el no querer el propio bienestar a no saber lo que en realidad se quiere. Y es que no se puede refutar que el ser humano actúa, y que la acción es sinónimo de una vida que busca una mejor existencia: felicidad, paz, placer; o como se le llame según la escala de valores de cada cual.

Y en esa medida el hombre es soberano, pues nadie tiene el derecho de imponerle a otro el motivo de su existencia. Las relaciones humanas justas son aquellas que se basan en el reconocimiento del otro como dueño de sí mismo, con los mismos derechos que implican su existencia. Y es por ello que una sociedad de individuos que reconocen en la Libertad su valor supremo es moralmente superior, pues se rige por los derechos individuales y defiende la dignidad del ser humano.

Como reflexión final, querido lector, le reto a encontrar un solo acto de su vida en el cual no esté buscando su propio bienestar. No olvide incluir su paz espiritual o la felicidad eterna que le ofrecería el Paraíso.

Se podría llevar una sorpresa...


@nhcarreras

miércoles, 27 de noviembre de 2013

En defensa del comerciante venezolano



El discurso oficial del margen excesivo de ganancia ha calado en mucha gente, quienes valoran como algo malo que un comerciante lo practique. En este espacio me propongo el desafío de exponer el otro punto de vista, esperando generar reflexión y recibir pocos insultos.

En primer lugar, todos nosotros como consumidores queremos comprar más barato. Sería irracional defender la visión de querer que todo esté caro y haya escasez, cuando ese escenario perjudica a la mayor parte de la sociedad y solo favorece, en la mayoría de los casos, a una cúpula enchufada con el régimen.

Pero este escenario se combate generando las condiciones para que haya más producción. Si hay más productos, el precio tiende a bajar por efecto de la competencia generada cuando mucha gente quiere vender más, con la amenaza constante de que surja otro empresario que, con ingenio y optimización de procesos, ofrezca el mismo bien (o uno mejor) a un menor precio.

Pero la respuesta de parte de los responsables que han destruido la producción nacional con expropiaciones y controles consiste en, ahora que existen menos productos, obligar a los comerciantes a bajar los precios por la fuerza con la Fuerza Armada en las calles (sin contar la borrachera de impresión de bolívares, otra medida que genera inflación). ¿En qué países civilizados se ve esto hoy en día?

Los comerciantes y empresarios venezolanos no son más codiciosos que los de cualquier parte del mundo. Es este sistema de intervencionismo salvaje el que creó las condiciones para que esto pasara. Y en lugar de rectificar, le echan más leña al fuego.

Hoy la gente arrasa con los productos en las tiendas. Pero ahora, ¿Quién va a querer invertir en Venezuela con estas condiciones? Las consecuencias son claras: las empresas van a seguir cerrando, generando más escasez, inflación y desempleo para el año que viene.

Y el problema no es solo material, sino también moral. A los empresarios y comerciantes trabajadores se los tacha como ladrones y corruptos por vender caro, justificando a los parásitos que saquean esas tiendas. El empresario exitoso es visto como un criminal, mientras que se mira con simpatía al que lo obliga a bajar los precios y le niega el fruto de su trabajo.

¿Acaso el comerciante está obligado a vender por debajo del precio al cual la gente aun le compra?

Vender caro NO es un crimen. Si lo vende a ese precio y la gente se lo compra, allí no hay ningún delito. Para que el precio de un producto baje, ya vimos que la solución es que haya más producción y surja la competencia.

No se justifica meter a la Guardia Nacional en los negocios y obligar a los comerciantes a bajar los precios con fines políticos, tachándolos como criminales al nivel de un ladrón. Criminalizar el espíritu empresarial y el afán de lucro es condenar a la producción, generando más escasez, más colas, sumisión y entrega de poder a la cúpula gobernante.

Queda a su reflexión, querido lector, si usted vendería un TV plasma a un precio 10 veces por debajo del que alguien estaría dispuesto a comprárselo, dadas las condiciones de nuestro país.

@nhcarreras

miércoles, 6 de noviembre de 2013

¡Somos venezolanos!



Estoy convencido que el retorno del país a sí mismo
no puede ser sino a través de su conciencia

Renny Ottolina


Es un lugar común en la Venezuela de hoy que se nos describa a los críticos y opositores al régimen actual con peyorativos como: enemigos del pueblo, burguesía parasitaria, fascistas; solo para resaltar los más decentes. Pero, además, no pasa desapercibida esa intención de etiquetarnos como defensores de los intereses del imperio, de la CIA, de las empresas transnacionales o de cualquier mal existente, como colaboradores conscientes o como ingenuas piezas de ajedrez manipuladas por estos personajes.

Cuando alguien se atreve a difundir el malestar generalizado por la inseguridad que padecemos en las calles, por la escasez de alimentos y de bienes básicos que sufrimos con las colas y el desespero, por la hiperinflación que nos hace cada vez más pobres, por las fallas en el sistema eléctrico, por la decadencia del sistema de salud; y en general, por la sensación de incertidumbre que vivimos actualmente, no se recibirá otra respuesta de parte de los sectores oficialistas que no sea un insulto, una declaración de guerra o, en el mejor de los casos, un llamado a recapacitar para no defender los intereses de todos los malvados enemigos del pueblo.

Es muy difícil encontrar a alguien dispuesto a debatir con respeto y templanza las ideas que defienden, contra aquellos que tenemos una visión diferente de encontrar la solución a los problemas que nos aquejan. Se suele partir de la premisa que los que pensamos distinto somos enemigos y que no queremos encontrar una solución, sino en cambio, solo buscamos destruir y generar sufrimiento y pobreza. Se recurren a los insultos como se aprende de los discursos de sus líderes, promoviendo la exclusión y el odio a toda crítica, encerrándose en la soberbia de creerse con toda la verdad y mirando con desprecio a los otros.

Buena parte de quienes defendemos la iniciativa del ciudadano para superarse, de quienes creemos que el mérito es una virtud que no tiene por qué avergonzarse, donde el esfuerzo y la perseverancia son dignos de orgullo, de quienes defendemos los derechos de la libertad y la propiedad y queremos que el gobierno se dedique a lo que tiene que dedicarse con eficiencia, respetando el derecho del individuo a buscar su propia felicidad, estamos bastante conscientes de lo que decimos. Y por eso no somos menos venezolanos, ni somos apátridas, ni queremos que nuestro país caiga en una crisis que también nos afectaría a nosotros y a nuestros seres queridos que viven acá, en Venezuela.

Exhorto a una campaña por la defensa de nuestro gentilicio y de nuestro honor como venezolanos, tan herederos de la independencia de nuestros libertadores como los que visten de rojo, tan luchadores por la Libertad y la Justicia como cualquier otro ciudadano de este país.

Y para lograr ese cambio que queremos y salir de esta crisis, cito a ese ilustre venezolano, Renny Ottolina:

   Ese gran paso no será dado sino en la medida que tengamos conciencia de nosotros mismos como país.

¡Qué nadie nos doblege! Vamos a rescatar a Venezuela.

@nhcarreras

miércoles, 23 de octubre de 2013

Regulen los precios de bienes que no son importantes

La consecuencia de fijar un precio máximo a un
artículo determinado será provocar su escasez
HENRY HAZLITT

A medida que pasa el tiempo, en Venezuela vamos viendo un incremento de los precios regulados; es decir, de aquellos bienes a los cuales se le asigna un nivel de importancia para la sociedad, tal que amerita que se encuentren accesibles para que todas las personas gocen de un nivel de vida aceptable. Al menos, esa es la idea que nos venden.

Pero en cambio, sucede un hecho curioso: los bienes que se pretendía que estuviesen disponibles para todos comienzan a estar escasos, no se consiguen en los mercados, la gente hace largas colas para poder comprarlos y a veces solo es posible adquirirlos en las calles a precios mucho mayores.

La única explicación posible que dan las autoridades es una conspiración secreta, una guerra dirigida por los "enemigos del pueblo" contra la revolución bolivariana, pero sin ninguna prueba contundente.

¿Acaso existe otra explicación? Vale la pena preguntarle al dueño de la panadería de la cuadra, o al vendedor de perros calientes de la esquina, o a la señora que vende sus empanadas en la playa, qué pasaría si llega un funcionario del gobierno y le exige vender todo lo que produce a un precio regulado. Este precio, seguramente, estará por debajo de lo que él o ella piensa que vale la pena ganar por el esfuerzo que exige su trabajo.

¿Lo seguiría haciendo con las mismas ganas y el mismo empeño?

¿Lo seguiría haciendo siquiera?

Los socialistas pretenden que las personas no trabajen para buscar su bienestar, ni llevar la comida a sus hogares, ni ahorrar para comprar un apartamento. No. Todos tenemos que trabajar para los demás, como el estudiante al que se le obliga madrugar para que otros saquen una mayor nota, mientras él sigue sacando la misma.

Esta arrogancia de pretender planificar nuestro bienestar por medio de regulaciones, solo nos ha llevado a sufrir las consecuencias de no encontrar muchos de los productos que, ciertamente, forman parte de nuestra vida cotidiana. Si "el bien más caro es el que no se consigue", somos cada vez más pobres.

Mi recomendación para estos arrogantes, tomando en cuenta que además hacen ínfulas de moralistas y creen saber qué es lo que más nos conviene a cada uno, sería que regulen los precios de los bienes inservibles, poco importantes e insignificantes, y que liberen los precios y derogen las trabas para producir aquellos que necesitamos para el "vivir bien en socialismo".

Así matarán dos pájaros de un tiro: aparecerán los productos que no se encuentran y acabarán con los vicios y la compra de lujos innecesarios.

@nhcarreras